CONFUSIONES QUE DESORIENTAN LA VIDA INTELECTUAL LILIAN ARELLANO RODRÍGUEZ
"CONFUSIONES QUE DESORIENTAN LA VIDA INTELECTUAL”,
Lilian
Arellano Rodríguez
El hombre actual
corre entre las cosas; sin tener tiempo para detenerse ante ellas ni ante
nadie; tampoco ante sí mismo. Ad-mirar la perfección de un ser, requiere de un espíritu
en paz, capaz de amar, esto es, capaz de ir al encuentro de una realidad y
acogerla sin otro propósito que gozar de su presencia, del despliegue de su
ser. Amar, entender, requieren de un ser capaz de dar de sí mismo,
dedicarse a… y no ser un mero y compulsivo usuario de realidades que, sólo
desea dominarlas, para sacar provecho, poder. Se supone que quienes
se al saber, en cualquiera de sus formas, son personas amantes del universo
que, por ese mismo amor, desean descubrirlo para cooperar con su
cultivo. Pero, desgraciadamente, no es así. El
hombre hace proyectos y ellos son reducidos a intereses utilitarios: dinero,
poder social, político, económico, sexual...; en fin, poder. El afán
de poder es simbolizado con el signo dinero: Se apoyan sólo las investigaciones
por las que entran divisas; se valoran las profesionales por el estatus
económico social al que dan acceso; los artistas popularizan el arte para
hacerlo vendible, los medios de comunicación vulgarizan el lenguaje, los
programas académicos exigen bibliografía sólo de los últimos años y no para
estar actualizados respecto de los avances sino porque se rebajan sus
contenidos a generalidades o datos del momento; por lo tanto, rápidamente
cambiables; lo esencial y fundamental es dejado de lado, por lo cual ya no
interesa el saber de los principios; las relaciones afectivas se saben
superficiales e inseguras, por lo que se evitan los compromisos y los “para
siempre”, se cambian por los “hasta que dure”… Toda esta situación,
surge de tres desviaciones que corroen la vida del intelectual: positivismo,
historicismo y pragmatismo.
POSITIVISMO O
MATERIALISMO METODOLÓGICO: La búsqueda de la verdad exige saber acercarse a
la realidad interrogada. Si el método o técnicas elegidos para este
acercamiento, no son adecuados a la naturaleza de esa realidad, la verdad real
quedará oculta al entendimiento. A veces, obsesionado el científico
por la perfección del método en sí mismo, hará uso de él, aunque ello
signifique que desfigurará la realidad... No es la realidad la que debe
adaptarse al método de indagación sobre ella, sino el método debe ser el
adecuado a ella. El mejor de los microscopios no te sirve para
descubrir el temor de alguien, como tampoco te sirve medir la magnitud del
llanto para saber de su pena.
Precisamente, una
de las confusiones más comunes es creer el saber científico se define por el
método que utiliza y no por la perspectiva desde a cual investiga el universo y
por la profundidad de su conocimiento. El positivismo o materialismo
metodológico es ejemplo de esta confusión: Reduce la realidad y la ciencia sólo
al estudio de lo “observable, cuantificable, experimentable”, porque es lo
único que con ese método puede “capturar” o “dominar” y ello es lo
material. (También es llamado positivismo, pues “possitum”, en latín,
significa: hecho o dato observable).
HISTORICISMO O
RELATIVISMO: El científico confunde la realidad –por lo tanto, la verdad real- con
el conocimiento que él tiene de ella o con la perspectiva desde la cual la
mira. Cuando el paciente va al oftalmólogo y el médico examina sus ojos, si se
trata de un buen profesional, estará consciente de que su mirada estará
captando tan sólo un aspecto orgánico y que su indicación “Usted quedará
ciego”, tendrá distinto alcance para esa persona; dependiendo de su historia
personal y familiar, profesional y laboral, edad y estado integral de salud,
situación económica, reciedumbre moral y religiosa… Saber que
estamos observando un aspecto de la realidad; ya que cada realidad es un todo;
evitará que caigamos en la confusión propia del relativismo que afirma “la
verdad depende de cada cual” o “todo depende del cristal con que se
mire”. La verdad real no depende de cada cual, pertenece a la
realidad; distinto es decir que sólo conocemos un aspecto de ella o que
“creíamos” que algo era verdad pero, precisamente la realidad, se encargó de
demostrarnos la “falsedad de nuestro pensamiento”. A esta
confusión se le llama historicismo porque el científico confunde la realidad verdadera
con la historia de sus aciertos y errores que son “relativos” a sus propios
límites.
PRAGMATISMO O
UTILITARISMO: Prágmata significa “cosa, útil”; el pragmatista confunde valor con
utilidad; pues para él sólo es valioso lo que le sirve para
algo. Tengamos presente que valor es la real perfección de ser de
algo y que nosotros podemos, además, elevar al rango de valioso ciertas
realidades que personalizamos. Así, por ejemplo, el escritorio en
que escribía sus poemas Gabriela Mistral o una blusa que fuera de ella, hoy son
“piezas de un museo nacional. Como tales, no pueden ser usadas sino
sólo contempladas. En cuanto las personas son tales, no pueden ser
consideradas cosas, esto es, medios que son para obtener algo que es superior
al medio. Un lapicero es un medio que sirve para escribir; lo
importante es la finalidad del medio: escribir. Si el
lápiz no escribe, lo desechamos o vemos que otra utilidad podemos darle pues,
por sí mismo, no lo consideramos. Una persona puede prestar muchos
servicios a una comunidad; sufre una enfermedad que le impide seguir
colaborando; por el contrario, debe ser ella ahora atendida. Con la
persona, no podemos tener la misma mirada que con el lápiz: si no es útil, se
la bota. El utilitarista, sin embargo, sólo da valor a lo
útil; por ello, no considera la búsqueda del saber por sí mismo, sino sólo en
cuanto reporta beneficios también útiles.
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